Breve reseña
Prof. Margarita Dubourdieu
El vacío y las dificultades en la regulación bioemocional
Cuando durante el desarrollo no se consolidan suficientemente las capacidades de autorregulación, pueden aparecer dificultades para identificar, tolerar y modular estados emocionales intensos. Estas capacidades se construyen progresivamente a partir de las experiencias de heterorregulación, es decir, del modelaje , acompañamiento y la regulación que inicialmente proporcionan los adultos significativos.
La ausencia de contención, la invalidación emocional, la negligencia o las experiencias tempranas adversas pueden dificultar este aprendizaje, limitando la adquisición de recursos para gestionar las propias emociones.
La evidencia científica sobre el desarrollo emocional y vincular destaca la importancia de las experiencias tempranas de cuidado, protección y corregulación en la adquisición progresiva de capacidades de autorregulación. Las interacciones entre cuidadores e hijos contribuyen al aprendizaje de formas de reconocer, tolerar y modular los estados emocionales (Lobo & Lunkenheimer, 2020).
Asimismo, las experiencias tempranas de cuidado participan en el desarrollo de los circuitos cerebrales implicados en el aprendizaje y la regulación emocional (Gee, 2020). Desde la teoría del apego, se destaca también la función protectora de los vínculos y su contribución al desarrollo de recursos para afrontar el malestar (Stern et al., 2023).
Estos aportes permiten comprender la relevancia de las experiencias relacionales en la construcción de capacidades regulatorias, sin establecer una relación causal única entre las adversidades tempranas y las dificultades emocionales posteriores.
Estas dificultades pueden expresarse como angustia intensa, sensación de vacío, desconexión emocional, soledad o falta de sentido. En ocasiones, la persona experimenta un malestar difícil de identificar y comunicar, acompañado de una necesidad urgente de modificar su estado interno.
Ante estas experiencias, se puede recurrir a estrategias externas de regulación que proporcionen un alivio inmediato. Algunas son adaptativas; otras, como la impulsividad, el consumo de sustancias, determinadas conductas alimentarias, las autolesiones u otras conductas de descarga, pueden aliviar transitoriamente el sufrimiento, pero mantener o agravar la desregulación a largo plazo.
¿Cómo se relacionan el vacío y la desregulación emocional?
La valoración que realizamos de nuestras experiencias y emociones implica procesos de integración corticolímbica en los que intervienen las experiencias tempranas y actuales, los aprendizajes, los modelos relacionales y las expectativas futuras.
Cuando existen dificultades en estos procesos, pueden surgir problemas para reconocer los estados psicobiológicos, interpretar su significado y modular la intensidad de las respuestas emocionales.
La ansiedad, la angustia, la frustración o el enojo pueden alcanzar niveles difíciles de tolerar, favoreciendo respuestas impulsivas y dificultades para detenerse antes de actuar.
En estos casos, la persona puede disponer de escasas alternativas para afrontar el malestar y buscar una regulación inmediata mediante conductas que permitan disminuir la tensión, distraerse, desconectarse de lo que siente o experimentar una sensación transitoria de alivio.
Por ello, es importante comprender que algunas conductas problemáticas no responden únicamente a una dificultad para controlar los impulsos, sino también a un déficit de recursos para gestionar estados emocionales intensos.
La intervención terapéutica requiere considerar la función que cumple cada conducta, el estado bioemocional que la precede , la metaplasticidad y las consecuencias inmediatas y posteriores que contribuyen a mantenerla.
Aportes de la investigación sobre la sensación de vacío
Distintas investigaciones han señalado la complejidad de la experiencia subjetiva del vacío y su relación con la regulación emocional, el bienestar y el funcionamiento interpersonal.
D’Agostino, Pepi, Rossi Monti y Starcevic (2020), en una revisión publicada en Harvard Review of Psychiatry, describen el vacío como una experiencia subjetiva compleja que puede incluir desconexión, soledad, embotamiento emocional, falta de propósito y sensación de no realización. También analizan su presencia en el trastorno límite de la personalidad, la depresión y otros cuadros clínicos.
Por su parte, Miller y colaboradores (2020), en una revisión sistemática de 99 estudios que reunían información de 98.340 participantes sobre el vacío crónico en el trastorno límite de la personalidad, examinan su relación con la desconexión del propio self y de los otros, las autolesiones, la suicidabilidad y las dificultades en el funcionamiento social y laboral.
Estos aportes permiten comprender que la sensación de vacío no constituye por sí misma un diagnóstico específico, sino una experiencia que puede presentarse en diferentes contextos clínicos y que requiere una evaluación individualizada.
Desde una perspectiva integrativa, resulta relevante explorar cómo se relaciona con la historia vincular, la identificación y aceptación de las emociones, la capacidad de autorregulación y los recursos disponibles para afrontar las experiencias de malestar.
El entrenamiento en regulación bioemocional adquiere así especial importancia para favorecer el bienestar integral y prevenir respuestas desadaptativas.
¿Cómo favorecer el aprendizaje de la regulación bioemocional?
La gestión de las emociones requiere comenzar por identificar los estados psicobiológicos y reconocer las sensaciones, pensamientos y emociones que los acompañan.
No se trata de suprimir las emociones, negar el malestar ni intentar controlar de manera rígida lo que sentimos. Se trata de desarrollar la capacidad de reconocer, aceptar y modular las experiencias internas, ampliando las posibilidades de respuesta.
Desde la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), propuesta por Hayes y colaboradores, se destaca la importancia de aceptar las experiencias internas y desarrollar flexibilidad psicológica para actuar de acuerdo con los propios valores, aun en presencia de emociones difíciles.
A su vez, los abordajes cognitivo-conductuales y la Terapia Dialéctico-Conductual (DBT) aportan herramientas para identificar emociones, tolerar el malestar, regular las respuestas impulsivas y desarrollar conductas alternativas.
Desde la Psicoterapia Integrativa PNIE (PI PNIE), se incorporan estos aportes y otros recursos que contemplan la interacción entre los procesos cognitivos, emocionales, corporales, vinculares y contextuales.
Entre ellos, pueden utilizarse técnicas de sintonía y acompasamiento, así como estrategias de interrupción, interferencia y desviación de la atención cuando resulte clínicamente pertinente. Estas últimas permiten tomar distancia de determinados focos de atención que intensifican la ansiedad o la angustia y facilitar la apertura a nuevas respuestas.
Asimismo, las técnicas de respiración profunda, relajación y mindfulness pueden contribuir al reconocimiento de los estados corporales y al desarrollo de recursos para afrontar situaciones emocionalmente exigentes.
La exposición con prevención de respuesta, cuando está indicada y se realiza de manera planificada, también puede favorecer el aprendizaje de que es posible atravesar determinadas experiencias de malestar sin recurrir automáticamente a la conducta habitual de descarga o evitación.
Un aspecto fundamental es ayudar a modificar la interpretación de las situaciones y ampliar las perspectivas desde las cuales se las comprende. Cuando cambia el significado atribuido a una experiencia, pueden modificarse también las respuestas emocionales y las alternativas de acción disponibles.
La importancia del entrenamiento y las experiencias correctivas
La clave terapéutica consiste en ampliar progresivamente el repertorio de recursos de regulación, de modo que la persona pueda tolerar y modular sus emociones sin necesitar recurrir sistemáticamente a conductas impulsivas o perjudiciales.
Para ello, no alcanza con comprender intelectualmente lo que sucede. Es necesario generar oportunidades de aprendizaje y experiencias correctivas en el vínculo terapéutico y mediante la técnica de trampolín de expansión ejercitando en el afuera permitiendo desarrollar nuevas formas de relacionarse consigo mismo, con los demás y con las propias emociones.
Las intervenciones interpersonales de la PI PNIE, junto con las técnicas cognitivas, las estrategias de integración cuerpo-mente, el mindfulness y los recursos vinculares cuando se requieren, pueden contribuir a fortalecer la tolerancia a la frustración y la regulación bioemocional.
El acompañamiento terapéutico facilita el reconocimiento de las señales corporales y emocionales que anteceden al desborde, la identificación de los desencadenantes y la construcción de respuestas alternativas.
Este proceso permite pasar progresivamente de una regulación centrada en la descarga inmediata a una mayor capacidad de sostener el malestar, reflexionar sobre lo que ocurre y elegir respuestas más saludables.
El objetivo no es evitar toda emoción desagradable, sino desarrollar la capacidad de transitarla sin quedar dominado por ella, integrando los recursos personales, corporales, cognitivos, emocionales e interpersonales.
Para profundizar: formación online en Centro Humana
La comprensión de las patologías del vacío y de las dificultades en la regulación bioemocional constituye un aporte relevante para la práctica clínica, especialmente en el abordaje de los trastornos de la personalidad, las conductas impulsivas y las adicciones.
Profundizar en estos temas permite comprender mejor la función de determinadas conductas, reconocer los mecanismos que contribuyen a mantenerlas y seleccionar estrategias terapéuticas adecuadas a las necesidades de cada persona.
Te invitamos a profundizar en estos contenidos a través de los cursos online de Centro Humana, donde se desarrollan los aportes de la Psicoterapia Integrativa PNIE al abordaje de los trastornos de la personalidad, las patologías del vacío y las estrategias de la Terapia Dialéctico-Conductual (DBT).
Los cursos ofrecen la posibilidad de ampliar los conocimientos teóricos y profundizar en herramientas de aplicación clínica para favorecer el aprendizaje de la autorregulación, la tolerancia al malestar y el desarrollo de recursos de regulación bioemocional.
La formación continua permite enriquecer la comprensión de estas problemáticas complejas e integrar diferentes perspectivas terapéuticas en una práctica clínica más amplia, contextualizada e individualizada.
Referencias bibliográficas
- D’Agostino, A., Pepi, R., Rossi Monti, M., & Starcevic, V. (2020). The feeling of emptiness: A review of a complex subjective experience. Harvard Review of Psychiatry, 28(5), 287–295.
- Gee, D. G. (2020). Caregiving influences on emotional learning and regulation: Applying a sensitive period model. Current Opinion in Behavioral Sciences, 36, 177–184.
- Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2014). Terapia de aceptación y compromiso: Proceso y práctica del cambio consciente. Referencia de la edición utilizada a verificar.
- Linehan, M. M. (2003). Manual de tratamiento de los trastornos de personalidad límite. Paidós.
- Lobo, F. M., & Lunkenheimer, E. (2020). Understanding the parent-child coregulation patterns shaping child self-regulation. Developmental Psychology, 56(6), 1121–1134.
- Miller, C. E., Townsend, M. L., Day, N. J. S., & Grenyer, B. F. S. (2020). Measuring the shadows: A systematic review of chronic emptiness in borderline personality disorder. PLOS ONE, 15.
- Stern, J. A., Dunbar, A. S., & Cassidy, J. (2023). Pathways to emotion regulation in young Black children: An attachment perspective. Advances in Child Development and Behavior, 64, 163–188.

