Anorexia y bulimia: una mirada integral desde la PNIE

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Material de Centro Humana suministrado por Dra. Ps. Margarita Dubourdieu

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), entre ellos la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa, son problemas complejos y multifactoriales. No pueden comprenderse únicamente como alteraciones de la alimentación ni exclusivamente como trastornos psicológicos.

En su desarrollo y mantenimiento interactúan factores biológicos, psicológicos, familiares, sociales y culturales. Por eso, la evaluación y el tratamiento requieren una mirada integral y, habitualmente, la coordinación transdisciplinaria de profesionales de la salud.

Las cinco dimensiones de una mirada PNIE

La conducta alimentaria forma parte de la vida de una persona y se relaciona con su salud física, sus pensamientos y emociones, sus vínculos, el entorno en el que vive y aquello que da sentido a su vida. Desde la PNIE proponemos explorar estas cinco dimensiones sin perder de vista la singularidad de cada caso.

Dimensión biológica

La restricción alimentaria, los atracones y las conductas compensatorias pueden tener consecuencias metabólicas, endocrinas, cardiovasculares, gastrointestinales, óseas y neurológicas. A su vez, las alteraciones asociadas a la desnutrición pueden influir en el estado emocional, la cognición y la conducta.

La relación con la comida también requiere una evaluación cuidadosa. En la anorexia nerviosa suelen presentarse restricción alimentaria y temor a aumentar de peso. En la bulimia nerviosa aparecen episodios recurrentes de atracones acompañados de conductas compensatorias. La evaluación médica y nutricional, así como la rehabilitación nutricional cuando corresponde, son componentes centrales de la atención.

Esta dimensión incluye además el sueño y los ritmos cotidianos, la actividad física —en particular cuando se vuelve compulsiva— y las posibilidades de descanso y relajación. Es importante comprender cómo se relacionan estos aspectos con la situación clínica de cada persona.

Dimensión cognitiva

La restricción alimentaria, los atracones y las conductas compensatorias pueden tener consecuencias metabólicas, endocrinas, cardiovasculares, gastrointestinales, óseas y neurológicas. A su vez, las alteraciones asociadas a la desnutrición pueden influir en el estado emocional, la cognición y la conducta.

La relación con la comida también requiere una evaluación cuidadosa. En la anorexia nerviosa suelen presentarse restricción alimentaria y temor a aumentar de peso. En la bulimia nerviosa aparecen episodios recurrentes de atracones acompañados de conductas compensatorias. La evaluación médica y nutricional, así como la rehabilitación nutricional cuando corresponde, son componentes centrales de la atención.

Esta dimensión incluye además el sueño y los ritmos cotidianos, la actividad física —en particular cuando se vuelve compulsiva— y las posibilidades de descanso y relajación. Es importante comprender cómo se relacionan estos aspectos con la situación clínica de cada persona.

Dimensión psicoemocional y vincular

La alimentación y el control del cuerpo pueden relacionarse con dificultades para regular emociones, ansiedad, angustia, autoestima o problemas para reconocer y expresar estados internos.

Los vínculos familiares y sociales también forman parte de la evaluación. La familia no debe considerarse simplemente como la «causa» del trastorno: puede formar parte de los factores que influyen en su evolución y ser, a la vez, un recurso importante para la recuperación.

Conviene explorar el clima familiar, los comentarios sobre el cuerpo, el peso o la comida, y la calidad de los vínculos significativos, sin atribuir responsabilidades de manera automática.

Dimensión socioecológica

El entorno social, cultural y físico influye en la vida cotidiana. Los ideales de belleza, la presión por la delgadez, determinados ambientes deportivos, las redes sociales y los mensajes sobre el cuerpo pueden contribuir a la insatisfacción corporal y a ciertas conductas alimentarias.

También importa conocer el ambiente concreto en el que la persona come, descansa, estudia, trabaja y realiza actividad física. Una pregunta clínica posible es: «¿Cómo es el ambiente en el que vivís, comés, descansás y realizás actividad física?»

Esta exploración puede incluir los horarios y espacios para comer, la posibilidad de compartir las comidas, la disponibilidad de descanso e intimidad, la exposición a contenidos digitales sobre dietas y peso, y los cambios vitales recientes, como una mudanza, una separación, el ingreso a la universidad o una pérdida.

El contacto con la naturaleza y las actividades al aire libre pueden ser recursos de bienestar para algunas personas, pero no constituyen por sí mismos un tratamiento específico para un TCA.

Dimensión espiritual y sentido de vida

En esta perspectiva, espiritualidad no equivale necesariamente a religión. Se refiere también a los valores, las motivaciones, los proyectos y aquello que cada persona considera significativo.

Cuando la preocupación por el peso, la comida y la imagen corporal ocupa gran parte de la vida, puede ser valioso abrir preguntas como estas:

¿Quién soy más allá de mi cuerpo y mi peso?

¿Qué personas, vínculos y actividades son significativos para mí?

¿Qué proyectos o espacios de vida me gustaría recuperar?

¿Qué espero construir más allá de modificar mi relación con la comida?

Estas preguntas no se aplican de la misma manera ni en el mismo momento a todas las personas. Su utilidad depende de la situación clínica, la disposición de quien consulta y el vínculo establecido con el profesional.

Integrar las dimensiones en la evaluación

Una evaluación integral relaciona las cinco dimensiones y considera el estado médico y nutricional, la alimentación, el sueño, la actividad física, los pensamientos acerca del cuerpo, la regulación emocional, la autoestima, los vínculos, las experiencias de estrés, el contexto sociocultural y los recursos personales.

También resulta útil distinguir entre factores predisponentes, precipitantes y mantenedores. Una persona puede presentar determinadas vulnerabilidades; más adelante, una dieta restrictiva, un cambio vital, una situación de estrés o una experiencia relacionada con la imagen corporal puede precipitar el problema. Con el tiempo pueden establecerse procesos que contribuyen a mantenerlo.

Esta forma de comprender el trastorno evita reducirlo a una sola explicación, como «es por la familia», «es por la cultura» o «es solamente un problema de alimentación». La importancia relativa de cada factor será diferente en cada persona.

La contribución de la Psicoterapia Integrativa PNIE

La Psicoterapia Integrativa PNIE puede contribuir a comprender y trabajar procesos psicológicos y vinculares que participan en el mantenimiento del trastorno, en coordinación con la atención médica y nutricional que la persona necesite.

Entre esos procesos pueden encontrarse la preocupación por el peso y la figura, el perfeccionismo, la autoestima, la necesidad de control, el pensamiento rígido, la evitación emocional, las dificultades interpersonales y las estrategias para afrontar situaciones de estrés.

La recuperación requiere atender la salud física y la conducta alimentaria, así como favorecer una relación más flexible con el cuerpo y la comida, la regulación emocional, los vínculos y la posibilidad de retomar proyectos valiosos. Una mirada integral reconoce que la alimentación, el cuerpo, las emociones y el contexto interactúan de forma permanente en la vida de una persona.

Referencias

García-Volpe, C., y Murray Hurtado, M. (2023). Alteraciones del comportamiento alimentario: anorexia, bulimia, atracones. Asociación Española de Pediatría. https://static.aeped.es/protocolos_seghnp_aep_2023_a24b7228e1.pdf

Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria. (2009). Guía de Práctica Clínica sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria. GuíaSalud. https://portal.guiasalud.es/gpc/guia-de-practica-clinica-sobre-trastornos-de-la-conducta-alimentaria/

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